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En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Queridos hermanos y hermanas en Cristo, P. Gregorio me pidió que les dirigiera algunas palabras hoy. Intentaré ser breve, ya que me cuesta un poquito de esfuerzo traducir.
Me gustaría decir algo sobre lo que significa ser humano. En latín, la palabra raíz de humano es humus. También es la raíz de la palabra latina para tierra. De esta misma raíz se deriva la palabra humilitas: alguien que está anclado, cerca de la tierra. Así que, literalmente, ser humano es ser humilde.
El último versículo del Evangelio de hoy dice:
"y se estableció en la ciudad que se llama Nazaret, para que se cumpliera lo que fue dicho por los profetas, que habría de ser llamado nazareno". (S. Mateo 2:23)
La ciudad de Nazaret era despreciada. En tiempos de Cristo, ser de Nazaret significaba: ser un apestado, ser humillado, ser un marginado.
¿Por qué se dignaría el Rey de la Gloria humillarse tan bajo?
Me gustaría explorar el porqué leyendo parte de un ensayo escrito por un agricultor y poeta estadounidense llamado Wendell Berry. En su ensayo del 1988 titulado «La labor de la cultura local» dice lo siguiente:
Por muchos años mis paseos me han llevado por un cercado viejo en una hondonada arbolada en lo que una vez fue la finca de mi abuelo. Un balde galvanizado y maltrecho cuelga de un poste de la valla cerca de la cabecera de la hondonada, y nunca paso junto a él sin detenerme a mirar dentro. Porque lo que ocurre en ese balde es lo más grande que conozco, el mayor milagro del que he oído hablar: está haciendo tierra.
El viejo balde ha colgado allí por muchos otoños, y las hojas han caído a su alrededor y algunas han caído dentro de él. La lluvia y la nieve han caído en él, y las hojas caídas han retenido la humedad y se han podrido. Nueces han caído en él, o han sido llevadas a él por ardillas; ratones y ardillas se han comido la carne de las nueces y han dejado las cáscaras; ellos y otros animales han dejado sus excrementos; insectos han caído en el balde y han muerto y se han descompuesto; pájaros han raspado en él y han dejado sus caquitas o tal vez una pluma o dos.
Este lento trabajo de crecimiento y muerte, peso y descomposición, que es la obra principal del mundo, ha producido ya en el fondo del balde varios centímetros de humus negro.
Miro dentro de ese balde con fascinación porque soy, quizás, un agricultor y quizás un artista, y reconozco allí un arte y una agricultura muy superiores a los míos, o a los de cualquier ser humano.
He visto el mismo proceso en las cimas de las rocas en un bosque, y ha estado en acción desde tiempos inmemoriales en la mayor parte de la superficie terrestre del mundo. Todas las criaturas mueren en él y todas viven de él.
Una comunidad humana también debe acumular sus hojas. Debe construir su suelo.
Hermanos y Hermanas... nuestro Señor Jesucristo, el Rey del Cielo y de la Tierra se hizo nazareno para mostrarnos cómo construir este suelo, esta tierra. Se hizo nazareno para enseñarnos a recoger la lluvias de nuestras lágrimas y las hojas de nuestras luchas.
Muchas personas han venido y se han ido de esta misión. Algunas, como buenas ardillas, han venido y han dejado una bendición. Algunos, como buenos insectos, han venido y han sacrificado sus propios cuerpos y almas.
Otras, personas como ratoncitos, sólo han venido y han dejado sus excrementos, sus caquitas, y dicho ¿De Nazaret puede salir algo bueno? ¿De San Germán puede salir algo bueno?...
Pero aunque esta misión es todavía pequeña, no siempre será así, porque una vez que el humus, la humilita de nuestras almas se haya acumulado, habrá un crecimiento. Porque nuestro Señor se hizo nazareno, se hizo tierra, para que nosotros pudiéramos echar nuestras raíces en Él, el verdadero humus, y crecer.
Muchos siglos antes de que naciera nuestro Señor, el profeta Isaías pronunció esta profecía:
Saldrá una vara del tronco de Isaí; un vástago retoñará de sus raíces y reposará sobre él, el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor del Señor...
...No juzgará según la vista de sus ojos ni resolverá por lo que oigan sus oídos, sino que juzgará con justicia a los "pobres y resolverá con equidad a favor de los humildes de la tierra. (Isaías 11:1-4)
Por las oraciones de nuestros santos padres, Señor Jesucristo, Dios nuestro, ten piedad de nosotros. Amén.


